Seis horas y dos minutos

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A las pruebas me remito, no soy un hombre de palabra.
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Cuando acabé en 2009 el maratón de Nueva York me hice la firme promesa de no volver a correr jamás un maratón y acabo de terminar el de Murcia. Lo mejor es que ya puedo decir que corro maratones, en plural, en lugar de como hasta ahora que sólo podía decir que había corrido UN maratón. Lo peor es que a diferencia de la experiencia neoyorquina, esta ha sido tan satisfactoria y ausente de sufrimiento que me ha llenado de ánimo para afrontar no solo la expedición que estamos preparando para participar en el maratón de Nueva York de 2014 bajo la iniciativa tuitera @NYC2014M sino alguno más en el futuro.
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En esta ocasión tardadé en decidirme a participar porque las experiencias en mis últimos medios maratones fueron positivas pero terminé muy cansado y con las plantas de los pies bastante doloridas. Duplicar (o más) ese castigo sólo me parecía justificado en un escenario como Nueva York donde el paisaje y el público ayudan a que los kilómetros pasen casi sin que te enteres… pero Murcia ya la conozco, el paisaje no me iba a sorprender y estaba convencido de que si en la Gran Manzana hay dos millones de espectadores animando a los corredores en Murcia, por mucha gente que saliera a las calles, no sería una proporción similar.
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Vamos, que la única ventaja era tener el maratón en casa. Pero era el primer maratón de Murcia. ¿Y si no organizan otro? ¿Y si se convierte en una gran tradición? No dejaba de ser acceder a participar en un momento histórico… venga, vale, me animo.
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Pero enseguida surgió el primer problema, de índole física y no relacionado con lesiones derivadas de correr: golpe en moto que me machaca el dedo gordo (aún tengo la uña medio saliendo) y cuando me recupero sufro un esguince provocado por un mal paso en una ruta montañera. Dique seco obligatorio cuando debería estar acumulando kilómetros y cuando ya puedo empezar a correr es en pleno verano, cuando ni el calor ni los viajes vacacionales facilitan la tarea.
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Con la fecha marcada en el primer domingo de noviembre (mismo día que el maratón de Nueva York) el calendario me iba dejando poco tiempo para entrenar adecuadamente, tres meses escasos que es lo mínimo exigible y que en mi caso y tras el parón ocasionado por el esguince se me podía hacer un poco cuesta arriba porque primero tenía que retomar no la costumbre de correr sino la de correr distancias largas.
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Finalmente solucioné uno de los grandes problemas que estaba teniendo desde hacía casi dos años: ampollas en los pies al superar los 15 kilómetros. Y la solución ha sido tan eficaz como inesperada y barata: las plantillas New Feel de las zapatillas del mismo nombre de Decathlon… mano (o pie) de santo.
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La tiradas largas han ido un poco justas: dos de 15 kms en 1:45 y una de 26 en 3:15. Las tres fueron rutas de bajada desde Altorreal, dos hasta el centro de Murcia, una hasta Agridulce (de noche, totalmente a oscuras, por la antigua vía férrea que llega hasta el Campus de Espinardo, una experiencia con momentos estremecedores) pero la de 26 kms debía servirme , a falta de un mes justo para el maratón de Murcia, para calibrar si realmente estaba preparado para tan larga distancia. La conclusión fue que sí aunque a partir del km 30 iba a ser una aventura incierta, como así fue.
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Sin yo saberlo la semana previa hice justo lo que después he averiguado que se aconseja antes de un maratón: salir a correr a principio de semana muy suave y distancia corta (esto sí lo sabía) y descansar mucho, pero mucho mucho, comer bien y beber mucha agua durante toda la semana para estar muy bien hidratado. El hecho de que fuese puente favoreció que los días inmediatamente anteriores me dedicase básicamente a no hacer nada más que estar en casa en el sofá. Creo que esto también ha contribuido a las buenas sensaciones que me ha proporcionado este maratón.
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Tampoco desdeñemos la gran ventaja de tenerlo en casa. Lo habitual cuando corres un medio maratón es que sea en una localidad a la que tardas una hora o más en llegar (con la tensión de no pillar atasco, encontrar aparcamiento y llegar a tiempo a la salida) y yo que llevo fatal los madrugones eso de levantarme a las 6 para correr a las 10 me descoloca del todo. En este caso la carrera además (por evidentes razones de duración y distancia) empezaba a las 8:30, y antes de llegar hay que desayunar, ir al baño, ducharse… total, que a las 7 arriba y agradecido que con la moto llegué justo hasta 50 metros de la salida.
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Emilio Llamas, Xoan, el Meji, Juan Antonio, Javi, Ginés (que corría con el dorsal de Sergio Rizzo, pero no se lo digáis a nadie)… me dio mucha alegría encontrarme con tantas caras conocidas dentro de la carrera, terminando todos ellos con tiempos excelentes. También me dio mucha alegría ver caras conocidas animando entre el público, como Lola, Cinta y Manuel o Carolina y Manu y especialmente a Antonio Trigeros, Javi Tortosa (compañero en Caravaca es la Meta de experiencias runners varias, incluyendo Nueva York) y Mariano Egea, a quienes se deben las fabulosas fotos que ilustran estas palabras y a quienes les agradezco profundamente su contribución a la memoria visual de esta maratón en la que a diferencia de la de 2009 no he hecho ni una sola foto mientras corría (en aquella ocasión hice más de 300 fotografías durante el trayecto, que corrí con una cámara en la mano). Esto ha marcado una importante diferencia: me ha permitido bajar una hora mi marca maratoniana.
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En esta ocasión lo mejor de la carrera en sí es que no tengo grandes cosas que contar de ella más allá de haber deseado que no hubiéramos tenido este noviembre tan primaveral (prefiero correr con frío y lluvia, el calor me mata) y agradecer a los motoristas de la Policía Local los kilómetros que estuvieron escoltándome en mi calidad de último corredor de la prueba, mi posición desde el kilómetro veintitantos en que me anunciaron “vas el último” y yo dije “imposible, si llevo como cincuenta tíos detrás”. Pues no, habían abandonado todos. De hecho finalicé el último, en la posición 1.667 lo que supone que abandonaron más de 400 de los 2.100 corredores que tomaron la salida.
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Lo mejor fue llegar como en otras muchas ocasiones en solitario a la meta, con mi trote cochinero, lento pero seguro, mientras acababan de apagar el reloj sobre la línea de llegada y yo le señalaba el reloj de mi muñeca a un chico de la organización (creo que se llamaba Mariano) que me había ido siguiendo desde la “bici escoba” hasta el km 35 en que tuvo que recoger y volverse a meta. “Seis horas y dos minutos, te dije que llegaba”. Él mismo fue a buscar mi medalla de finisher, agua y bebida isotónica.
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Cuando acabé el maratón de Nueva York me quedé absolutamente exhausto, vacío física y anímicamente. Además en aquella ocasión el trazado obliga a darse una buena caminata hasta salir de Central Park y de ahí al hotel (menos mal que estaba muy cerca) tuve unos 3/4 kms de paseo horrorosos, muy cansado y con los pies y las piernas hechas fosfatina. Además durante el resto de la semana acusé el esfuerzo y subir y bajar escaleras me hacia parecer una vieja artrítica. Esta vez no.
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La moto la tenía a 100 m. de la meta y estratégicamente aparcada junto a un banco donde me senté y me recosté unos minutos. Tras vestirme en pocos minutos estaba en casa donde me puse el bañador y me metí en la piscina (día primaveral pero agua helada) a tonificar mis piernas. Luego ducha en casa, comida ligera (después de grandes esfuerzos no tengo nada de hambre, sólo sed) y el resto de la tarde en el sofá, con los pies (las plantas muy doloridas) en alto reflexionando sobre haber terminado mi segundo maratón en 6:02:35 con ganas de volver a correr otro en lugar de jurándome no volver a afrontar una de estas carreras y quitándole importancia a haber empleado ese tiempo en quemar 6.700 calorías, perder 3,5 kilos (agua en su mayoría pero de los que una semana más tarde ya he recuperado 1,5 kilos) y 1,5 cms. de altura.

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Ahora mi objetivo es cumplir mi calendario de próximas carreras cortas (10 kms de la Carrera de Invierno de Murcia, los 7,5 de la San Silvestre…) y largas (ya tengo el dorsal del Medio Maratón de Santa Pola en enero y el de Murcia en marzo y tras dos años de ausencia espero volver a correr la divertida media maratón de Almansa, de la que guardo un grato recuerdo porque fue la primera que completé) y poder contar el año que viene por estas fechas que efectivamente no hay dos sin tres y puedo “retirar” para mi colección otra camiseta en la que figuré otro dorsal de un maratón con su correspondiente medalla, de nuevo la de Nueva York.

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