“Haber” si avisamos al emperador de que va desnudo

haber

No elevemos la anécdota a categoría.

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Fue en su día candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Murcia y tras dejar maltrecho a su partido fue recompensado con un escaño de diputado en el Congreso. Da clases en la Universidad, le publican artículos en El País y tiene una cuenta en Twitter en la que esta mañana ha publicado un mensaje con una garrafal falta de ortografía de las que merecerían nota al pie de página en el Informe Pisa:

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“Haber si después de 18 años se enteran en el Gobierno de Murcia: no es ni el cemento ni las grandes obras es la educación”.

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El problema no es la herida inciso contusa en la retina de ese “Haber”, ni siquiera que por ese motivo soslayamos que al omitir una coma tras “obras” la frase ni siquiera tiene sentido. La forma correcta debería haber (ahora sí) sido la siguiente:

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“A ver si después de 18 años se enteran en el Gobierno de Murcia: no es ni el cemento ni las grandes obras, es la educación”.

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El problema ni siquiera es que el diputado por Murcia haya tardado más de una hora en corregir su error. Creo que es casi más grave, porque no afecta únicamente a Pedro Saura,  el hecho de que nadie le haya avisado del mismo para que pudiera corregirlo y durante media mañana esté siendo objeto del cachondeo tuitero, cruel y en ocasiones maleducado.

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¿Cuántas veces habrá escrito Pedro Saura “haber” queriendo decir “a ver” y nadie le habrá corregido? ¿Cuántas veces él u otros políticos habrán metido la pata de forma leve (tampoco hagamos una montaña del “haber”) y nadie de quienes hayan asistido al resbalón le han llamado la atención? ¿Cuántas veces el error no habrá sido un mero desliz ortográfico sino una metedura de pata bien gorda y nadie se ha tomado la molestia de llamar la atención sobre el particular?

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¿Cuántos emperadores estamos dejando deambular por la vida pública y privada desnudos? Pensamos que exponen sus vergüenzas pero démosle la vuelta al argumento: están exponiendo nuestras vergüenzas, las de quienes escuchamos, leemos, vemos… asistimos en suma a errores ajenos que dejamos pasar por alto, pensando quizá “allá él” en lugar de tener quizá la valentía de salir de entre el público y señalar, sin acritud, incluso con sentido del humor si fuera posible para tampoco avergonzar al errado, el desliz.

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Errar es de humanos y herrar es de herreros, pero permanecer callado mientras otro se equivoca no hace ningún bien a nadie.

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